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Curso Lápices de Colores – Clase 1
DIBUJO

En la primer clase cubriremos el dibujo de nuestro modelo. Para ello, te propongo trabajar con una serie de materiales que, si no tenés los mismos, podés reemplazar por similares.

Materiales

 

Para realizar la ilustración trabajé sobre un papel Canson Mi-Teintes color Caucho (código 336) del lado liso. Para dibujar utilicé un lápiz grafito 2B o puede ser un HB también, y para borrar empleé una goma blanca y una goma miga de pan (goma maleable).

Medidas

 

El tamaño total del papel que empleé fue de 30 cm x 45 cm. Dentro tracé un marco dejando un margen de 2 cm a cada uno de los laterales, como podés ver en la imagen. Te recomiendo dejar un margen así para que el trabajo no te quede “asfixiado”. Más aún si luego lo vas a enmarcar, es bueno que tenga cierto aire para que se apoye el passepartout o el mismo marco.

Dentro de ese recuadro ubiqué mi ave en la parte inferior, y ocupé unos 21 cm x 32 cm (no es necesario que utilices las mismas medidas). También notarás que reservé un espacio en la parte superior, el cual es opcional porque está pensado para luego agregar alguna frase que te guste si así lo deseas.

En mi experiencia docente, cuando lo/as alumnos/as se enfrentan al dibujo suelo escuchar muy a menudo estas frases. Muchas personas sólo quieren pintar y evitar a toda costa enfrentarse con el dibujo. Si bien no creo que haya nada malo en eso, me atrevo a decirte que no saber dibujar puede volverse un obstáculo en algún punto del aprendizaje de la pintura.

Con el tiempo aprendí que el dibujo —al igual que la pintura— es una actividad mental, y muchas veces el rechazo a dibujar parte de una dificultad para relajar la mente y concentrarse. Ejecutar un buen dibujo requiere de concentración porque entra en juego una toma de decisiones más o menos constante la cual implica una participación activa de nuestra parte en el proceso. Para mi, lo ideal es eliminar el ruido mental de lo que no tenga que ver con el dibujo para poder dibujar a conciencia (por supuesto esto es en el caso que no haya un trastorno de ansiedad que requiera la atención de un profesional).

¿Qué es dibujar a conciencia?

 

Dibujar a conciencia es estar comprometido/a con el proceso, estar inmerso/a en el acto de dibujar sin distracciones ni expectativas que generen presión en el desarrollo del proceso.

¡Qué difícil suena eso!, ¿no? y sí que lo es cuando nuestra mente está pendiente de muchas cosas como nos pasa en la actualidad. Vivimos en un mundo que reclama nuestra atención a cada momento y, a la vez, nosotros también queremos llamar la atención de nuestro público, queremos ser vistos. No digo que eso sea del todo negativo porque un artista necesita tener un público, pero sí creo que la manera en la que nos relacionamos con las expectativas de reconocimiento juegan un papel bastante crítico a la hora de ejecutar una pieza artística. Es estresante emprender un dibujo mientras se está pensando, por ejemplo, en como va a lucir mi trabajo terminado en las redes, cuantos “likes” recibirá o qué pensará mi familia cuando lo vea.

Cuando dibujamos bajo esa expectativa de recompensa externa y reconocimiento nos proyectamos al futuro y ejercemos presión emocional en el proceso. No sólo perdemos la concentración sobre lo que estamos haciendo sino que también nos estresamos —y hasta hay veces que llegamos a angustiarnos.

No es sencillo hoy en día eliminar por completo las expectativas y las presiones externas, pero creo que se puede trabajar para mejorar día a día cuando somos conscientes de los estragos que hacen en nuestra concentración y disfrute. En mi caso he comprobado que disfruto más y me salen mejores trabajos cuando monitoreo mi mente y vuelvo de manera consciente a lo que estoy haciendo. Al principio es un poco obligarse a concentrarse, dejar de lado la pereza mental y disciplinarse; pero luego, de a poco, entrar en ese estado de enfoque se va haciendo más natural y automático.

¿Cómo me doy cuenta si no estoy dibujando a conciencia?

 

A mi me pasa que cuando no estoy dibujando a conciencia me siento dispersa y el dibujo me empieza a resultar tedioso. Me siento inquieta y surge una cierta incomodidad física, como tensiones y dolores en el brazo o contracturas en el cuello. De repente, busco distracciones como mirar el celular, o levantarme muchas veces a hacer otras cosas. Si en ese momento monitoreo mis pensamientos, siempre descubro que al dibujar estoy en otra sintonía, es decir, estoy con mi mente en otro lado mientras que mi mano intenta dibujar.

Hoy en día, estoy aprendiendo a tomar mi tiempo para hacer que la actividad de dibujar sea placentera y enfocada. Eso quiere decir volver a conectar con la niña que amaba sentarse a dibujar por horas sin pensar en otra cosa. De adulta, y siendo el arte mi medio de vida, en ocasiones me he encontrado sin una gota de disfrute o motivación, y lo atribuyo a lo que mencionaba antes: la incapacidad de concentrarme por estar ocupada en las expectativas.

Cómo reconecto con esa niña que creaba sin presiones es un tema extenso que me llevaría otra entrada de blog, pero puedo decir que tengo una especie de rutina que me va acercando a ese estado de tranquilidad que necesito para lograrlo.

Arranco preparando una rica bebida, luego afilo los lápices, acomodo mi mesa de trabajo y observo mi entorno con atención. Si estoy un poco “acelerada”, además, suelo hacer respiraciones conscientes para aquietar mi mente y mi cuerpo. También me ayuda ponerme auriculares y escuchar música tranquila, o a veces simplemente disfruto del silencio. Cuando entro en un estado de bienestar, comodidad y tranquilidad, observo atentamente mi modelo para entender su estructura y comienzo con los primeros trazos. No pretendo entender todo en el inicio, el dibujo se va a ir desenvolviendo si entro en él plenamente.

El desafío después es mantener esa atención y tranquilidad durante todo el proceso, lo que a veces requiere un monitoreo regular de los pensamientos (si es que es necesario).
Cuando encaro un dibujo así, el proceso es alegre, estimulante y gratificante. Llega un punto en el que dibujo me absorbe y puedo conectarme con mi poder creador. Desde ese lugar, surge mi individualidad y mi artista interior; y si vos intentás sumergirte en el dibujo con tranquilidad y compromiso, también lo encontrarás. Dibujar así da felicidad, y eso siempre se nota en el resultado.
No te voy a mentir, a veces no puedo estar tan “zen”. Hay días que no consigo ese estado, no sólo por cuestiones de concentración sino también por fatiga física, y sé muy bien que esos días no son buenos para dibujar; pero muchos otros sí, y distinguirlos es parte de mi aprendizaje como artista.

 

Ahora sí, yendo al aspecto más práctico del dibujo, te dejo un último consejo antes que vayas a la clase:

Recordá que un buen encaje es el cimiento de tu dibujo.

No olvides valerte de las referencias que nos brindan los ejes y formas geométricas que se trazan en el encaje antes de ir a los detalles. Si vas a los detalles sin haber realizado un buen encaje, va a ser más engorroso corregir el dibujo.

Para ayudarte con el encaje te comparto algunas de las referencias más importantes:

Ahora, ¡te invito a ver la clase!

Plan de Estudios

Aquí te presento el plan de estudios para que sepas que tema abordaremos en cada clase. Desde esta misma página podrás hacer click en el enlace de la clase que quieras ingresar directamente:

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